El Arte en América Latina, Siglo XIX, Escultura, parte 1

La Escultura

Dos corrientes pueden apreciarse en la escultura latinoamericana del siglo XIX, la popular de los imagineros, íntimamente ligada a la tradición hispánica y la erudita de la Academia, que fueron creándose en las distintas repúblicas a lo largo del siglo.

La primera se deja sentir sobre todo, hasta mediada la centuria, para finalmente quedar desplazada ante la nueva tendencia escultórica, que con eclectismo impersonal trata de asimilar las enseñanzas europeas.

En Quito, uno de los principales centros productores de escultura religiosa del período colonial, prolongan la tradición de los imagineros durante la primera mitad del XIX.

En México, la labor del arquitecto y escultor Manuel Tolsa, se concretó, en el dominio de la plástica en algunas encomiables obras como; la estatua ecuestre de Carlos IV, el Ciprés de Puebla y los grupos que decoran la Catedral, como director de la Escuela de Bellas Artes formó a una serie de discípulos, que se encargarían de mantener la tradición de los imagineros coloniales durante el primer tercio del siglo.

Citemos a Marino Percesquia, Marino Arce y Mariano Montenegro, fundadores en Querétaro del famoso taller “ Los Marianos “, De Perusquía es el crucifijo de Santa de Querétaro y de Arce, la imagen de Santiago en la catedral.

De igual forma el nativo Pedro Patiño Ixtolinque (1763–1835), destacó por sus famosas obras: El Tabernáculo de la catedral, retablos de la profesa y de Santo Domingo, el retablo del Sagrario Metropolitano.

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