El Inti Raymi o Fiesta del Sol, Cuzco, Perú

EL INTI RAYMI O FIESTA DEL SOL, SEGÚN LOS CRONISTAS GARCILASO DE LA VEGA, CRISTOBAL DE MOLINA Y CIEZA DE LEON.

1. SIGNIFICADO DE LA FESTIVIDAD.

Pueblo agrícola por excelencia como el Inca dependía de los fenómenos naturales para subsistir, de allí su gran veneración por el Sol, dios nacional del que creían descender.

Se festejaba a fines del mes de Junio al Sol por las siguientes razones:

1° Para dar gracias de las abundantes cosechas recibidas y almacenadas en las piruas, que les permitía derrochar en sacrificios, ofrendas y banquetes.

2° Para solicitar mayores cosechas para el próximo año agrícola a iniciarse.

3° Porque a fines de Junio en el Cuzco comienza el Solsticio de Invierno en el que parece que el Sol se aleja hacia el Norte, en consecuencia su hijo el Inca y los sacerdotes hacían como si detenían su huida amarrándolo en los Intiwatanas para que regresara hacia los hombres, ante el asombro de los súbditos del Imperio.

4° Para estrechar los vínculos de unidad entre los descendientes del Sol y entre estos y los jefes de todas las naciones que formaban el Tawantinsuyo, mediante ceremonias, danzas, y obsequios, agasajos mutuos y grandes comilonas, en las que abundaban la carne de llama y la chicha.

2. EL LUGAR Y LA FECHA EN QUE SE REALIZABA

La festividad tenía lugar en el Cuzco, en su Plaza Principal o Waqaypata (otros denominan Auqaypata). El Inca antes de que amaneciera ocupaba el estrado piramidal o Usnu que estaba al centro de la Plaza.

La fecha la determinaban los sacerdotes y amautas mediante unos pilares de piedras o saywas que en número de 6 habían en las alturas de Pikchu y Karmenqa, y en igual número en las de Q’enqo y Titiqaqa, las que señalaban mediante la sombra que producía el Sol al ponerse o al salir, las estaciones y los meses.

Así se determinó el día del Sol el 21 de Junio, solsticio de invierno. Las festividades duraban 9 días más.

3. ASISTENTES.

Asistían principalmente el Inca y su familia todos los incas de sangre real o panacas, descendientes de los anteriores incas, los capitanes y curacas o jefes de todas las naciones que formaban el Tawantinsuyu que habían venido exclusivamente para la Fiesta, las Vírgenes del Sol y demás Akllas, miles de bailarines de las regiones más diversas del territorio y el pueblo del Cusco, pero mientras los de sangre real ocupaban la Plaza Principal o Waqaypata los otros ocupaban la otra plaza o Kusipata.

4. PREPARATIVOS

Con muchos días de anticipación los sacerdotes preparaban la ceremonia, las ofrendas y sacrificios al Sol.

Las Vírgenes del Sol y las otras akllas preparaban las bebidas y comidas que se iban a consumir en forma abundante.

De los lugares más distantes iban llegando los jefes de naciones con sus comitivas alojándose en los grandes tampus o barriadas que habían en la dirección de cada Suyu.

En toda la ciudad del Cusco (Qosqo) ayunaban durante 3 días consecutivos anteriores a la Fiesta, no ardía el fuego y todos esperaban el día del Sol.

5. EL DIA DE LA FIESTA

Antes de que saliera el Sol el Inca se dirigía hacia el Usnu acompañado por los grandes dignatarios del Imperio, su parentela y custodiado por 2,000 cañaris que formaban su guardia real.

Los demás se ubicaban por categorías y lugares en la siguiente plaza.

Ubicados todos en perfecto orden esperaban la salida del Sol mirando, hacia el Oriente en el más profundo silencio y respeto.

Y aún cuando no había salido bien el Sol ya comenzaban a entonar con gran orden y concierto un canto, llevando el compás con el pie y como el Sol iba saliendo más alto entonaban su canto, siendo el Inca El primero en cantar, puesto de pie, imitándole los demás.

En la otra Plaza o Kusipata hacían lo mismo.

6. ADORACION AL SOL

Luego todos descanzos y con gran atención siempre mirando al oriente se ponían de cuclillas para adorarlo, con los brazos abiertos y las manos alzadas y puestas en derecho del rostro, dando besos al aire, con gran efecto y reconocimiento para el Sol a quien consideraban su dios y padre natural.

Luego el Inca se ponía de pie y los demás en cuclillas, tomaba dos grandes vasos de oro o akilla llenos de chicha, y hacia la ceremonia de brindar con el Sol en el vaso que tenía en la mano derecha convidándolo a beber, y luego echada el contenido en un tinajón de oro del que salía un caño de hermosa cantería que desde la Plaza Mayor iba hasta el Templo del Sol, dando a entender así que el sol se lo había bebido.

Del vaso de la mano izquierda tomaba el Inca un trago y el resto lo repartía entre los demás incas, dando a cada uno un poco en un vaso pequeño de oro o plata que cada uno tenía, dando a entender así que habíanlo santificado por el Sol, a manera de comunión.

Los demás curacas bebían en la misma forma, pero la chicha no santificada hecha por las vírgenes del Sol.

7. PROCESION Y VISITA AL TEMPLO DEL SOL

Hecha esta ceremonia, que era la inicial, iban todos por su orden a la Casa del Sol o Qoriqancha, y 200 pasos antes de llegar a la puerta se descalzaban todos, menos el Inca que lo hacía en la misma puerta del templo.

El recorrido de la Plaza Mayor al Templo era por la calle del Sol (hoy Loreto) en completo silencio, oyéndose sólo el sonar de las sandalias y los latigazos de los capitanes que iban abriendo paso a la comitiva.

En el Templo entraban el Inca y sus parientes y hacían su adoración al Sol.

Los curacas quedaban fuera, en una gran plaza que había delante de la puerta del Templo.

8. ADORACION A LA IMAGEN DEL SOL Y ENTREGA DE OFRENDAS

El Inca ofrecía de su propia mano los vasos de oro en que había bebido y realizado la ceremonia; los demás incas daban sus vasos a los sacerdotes, los que salían luego a la puerta a recibir los vasos de los curacas, que entregaban por orden de antigüedad en la conquista, dando además otras cosas que habían traído de sus tierras para ofrendar al Sol y al Inca, como llamas; lagartos, sapos, culebras, zorras, tigres, aves, gusanos etc. todo de oro y plata perfectamente reproducidos, aunque en escala menor a la natural.

9. REGRESO A LA PLAZA MAYOR

Acabada la ofrenda y adoración volvían a sus plazas por orden, y después de ellos los sacerdotes con muchas llamas de todos los colores.

10. SACRIFICIO DE LLAMAS

Estos sacrificios tenían por fin conocer los pronósticos de las cosechas próximas y ofrendar al Sol víctimas en lugar de seres humanos como se acostumbraba en tiempos remotos.

Para ello se escogía una llama negra o blanca sin mancha y se la ponía con la cabeza al oriente sin atarla sino sostenido por 4 hombres mientras que un sacerdote le habría el costado izquierdo por donde metían rápidamente la mano y sacaban el corazón con los pulmones, arrancándolo de un solo tirón, estando la llama viva.

11. LOS PRONOSTICOS

Si todo salía íntegro y palpitando era muy buena suerte y quería decir que todo iba ir bien en el año próximo, pero tenían por mal agüero si la llama se levantaba venciendo a los que la sostenían, mientras le abrían el costado, o cuando salían los órganos rotos o lastimados.

En este caso hacían otro sacrificio de una llama de más edad, y si esta no daba buenos resultados se quedaban tristes diciendo que su padre el Sol estaba enojado con ellos por alguna falta o descuido involuntario que habrían cometido en su servicio.

Hacían otros pronósticos mediante el sebo quemado en el fuego, inflando los pulmones.

Cuando los augurios eran malos no dejaban de festejar, pero cuando eran buenos era grande el regocijo por las esperanzas de los bienes venideros.

12. ORACIONES

Hechos los pronósticos daban gracias al Sol con estas oraciones que recitaba el Sumo Sacerdote:

Oh Sol, padre mío, alumbra a tu hijo el Inca, que nunca sea vencido ni despojado, sino siempre sea vencedor, pues para esto lo hiciste. Oh Sol, has que estos tus hijos no estén enfermos, guárdalos sanos y salvos, acrecéntales las comidas y frutos de la tierra y todas las demás comidas que criaste, multiplícalas, para que no padezca nadie hambre ni trabajo, para que todos se críen bien, no hiele ni granice; guárdalos pues en paz y en salvo a ellos, a sus hijos y descendientes, vivan largos años, no mueran en su juventud, coman y vivan en paz.

13. OTROS SACRIFICIOS

Hecho el sacrificio principal traían otras llamas para el sacrificio común, degollándolas y guardando la sangre y el corazón para ofrecerlo al Sol quemándolos hasta que se conviertan en ceniza.

14. COMO OBTENIAN EL FUEGO SAGRADO

El fuego para estos sacrificios debía ser nuevo, dado de manos del Sol.

Para ello tomaba el sumo sacerdote un brazalete grande que llamaba Chipana, que tenía por medalla un vaso cóncavo como media naranja muy bruñido, el que lo ponía contra el Sol para que los rayos convergieran a un punto en donde había un poco de algodón muy carmenado el cual se encendía, como es natural, inmediatamente como sucede con una luna de aumento.

Con este fuego, dado de mano del Sol se quemaba todos los sacrificios y se asaba toda la carne de aquel día, y de este fuego prendían todos para lo venidero el que duraba hasta el año próximo.

Si el Sol no alumbraba de lleno ese día utilizaban unos palillos para encender el fuego, pero consideraban este fuego de poco mérito.

15. REPARTO DEL SANKU O PANES DE MAIZ

Toda la carne de los sacrificios lo asaban en público en las dos plazas y con la sangre derramaban sobre unos panes de maíz de forma circular y del tamaño del puño de la mano que habían sido hechos por las Vírgenes del Sol.

El sanku asperjeado con la sangre de las llamas sacrificadas se repartía entre los asistentes a manera de hostias en una comunión, pero antes el Sumo sacerdote o Willaq-uma decía en voz alta para que todos pudieran oír:

“Mira, cómo coméis este sanku, pues el que comiere un pecado y con dos voluntades o dos corazones el Sol vuestro Padre, lo verá y lo castigará, y será para grandes trabajos vuestros; y el que con voluntad entera lo comiere, el Hacedor, el Sol y el Trueno os lo gratificarán y os darán hijos y felices años y que tengais mucha comida y todo lo demás necesario con prosperidad”.

Y el sacerdote comía un poco y luego los demás en orden, dándoselos a todos, hasta a las criaturas este Sanku o pan de maíz. Luego comenzaban a comer la carne asada y las muchas otras comidas que habían preparado para aquél día tanto las Akllas como las mujeres corrientes, convidándose unos a otros.

16. GRAN COMILONA GENERAL, BORRACHERA CON CHICHA, DANZAS Y BAILES Y FESTIVIDADES POPULARES

Pasada la comida comenzaban a beber enormes cantidades de chicha, brindándose unos a otros entre parientes y vecinos, entre jefes y súbditos; el mismo Inca permanecía sentado en su silla de oro que tenía la forma de dos pumas cuyas espaldas servían de asiento del Inca, enviando a sus parientes vasos de chicha para que en su nombre fuesen a brindar a los indios más señalados de otras naciones, recibiendo estos con gran respeto y reverencia por aquella no merecida merced que el hijo del Sol les hacía.

Los súbditos retornaban esta atención con ricos presentes de oro y plata, productos raros de los lugares más apartados del Imperio. Tanta era la chicha que se bebía en ese día y siguientes que el caudal de las aguas del río Watanay aumentaban a decir de algunos cronistas exajerados.

Luego comenzaban los bailes y danzas que los curacas habían traído de sus tierras; bailarines vestidos de pumas, kuntur, con máscaras horribles como los yungas, con alas como los qollas, con las caras pintadas y vestidos de las formas más raras, competían tratando de aventajarse unos pueblos con otros desfilaban ante el Inca frente a sus curacas que traían en sus andas pintadas las hazañas que en servicio del Inca y del Sol habían realizado.

Al final los mismos incas bailaban una danza especial creada para aquél día, que remedaba los movimientos del sol y de los astros, llamada Cayu, que era una bella expresión de ritmo y compás al son de las zampoñas, tinyas, quenas, cascabeles y otros instrumentos musicales.

17. FIN DE LA FIESTA DEL SOL

Aunque la fiesta duraba 9 días de comer, beber, danzar y regocijarse, los sacrificios eran sólo del primer día hasta el anochecer, volviéndose todos a sus casas dando ejemplo el Inca y su parentela. Pasados los 9 días los curacas volvían a sus tierras muy alegres y contentos de haber celebrado la Fiesta del Sol en la misma Capital de los Incas y de haber estrechado los vínculos de amistad con el soberano reinante.